La pasajera desconocida

Se cuenta que un hombre llamado Juan Camilo Coronado se negaba a creer que los muertos deambulan por el mundo y visitan a los vivos de vez en cuando. Su hermano menor, Rodolfo, contaba que en una de las curvas más pronunciadas de la carretera México-Cuernavaca se aparecía una mujer, que incluso en una ocasión sin saber cómo pasó, se su subió a su tráiler.

Juan Camilo, decía que esas eran sólo supersticiones, y aunque su mamá, la señora Emiliana le decía que no pasara por esa carretera a la medianoche y que tuviera cuidado, él se mostraba incrédulo y decidió apostar con Rodolfo, adelantando su viaje a Cuernavaca para pasar por esa curva justamente a las 00:00 horas.

Con la apuesta fijada, Rodolfo le dijo que si veía a la mujer dejara que se subiera en la parte trasera y que no le hiciera plática, porque podría volverlo loco con su voz de ultratumba o su aliento fétido, que siguiera su camino y al salir de la curva, ésta se desvanecería. Que era importante, no vigilarla por el retrovisor porque eso podría enfurecerla, así como el hecho de no dejarla subir podría provocarle algún daño. Rodolfo le mostró una mordida que ese ser le hizo; aún así, Juan Camilo siguió incrédulo. Doña Emiliana le dio la bendición, y muy angustiada presentía que algo iba a pasar.

Para hacer tiempo, pasó a una fonda a tomar un café, mientras había dos hombres que hablaban sobre la misteriosa mujer; uno decía que es una niña, el otro que es una joven mujer y Juan Camilo preguntaba por una anciana. Ellos trataron de convencerlo de que no se fuera solo a esa hora, que los esperara para juntos pasar esa curva, él no hizo caso. En su camino, en punto de las 00:00 horas vió a una anciana vestida de negro, su cuerpo se heló y aceleró su paso, en algún momento pensó que nada había pasado, y que la mujer había quedado atrás, hasta que nuevamente la vió sobre el parabrisas, muy pálida y con la mirada clavada sobre él; cerró los ojos y al abrirlos sintió su presencia en el asiento de atrás.

Al día siguiente, una grúa sacó su auto desecho de una hondonada y el cuerpo sin vida de Juan Camilo con un rostro lleno de pánico y horror.

No se sabe con exactitud si la niña, la mujer y la anciana son varias manifestaciones de la misma persona, muerta ahí hace tiempo, o si se trata de diferentes espectros. De lo que sí estamos seguros es de que, cuando viaje por carretera muy de noche, debe tratar de ir siempre acompañado. Nunca se sabe qué puede aparecer ante nuestra vista.



El oso de la oscuridad 🐻 


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